
Hoy más que nunca la profesión de la docencia enfrenta diversos retos y demandas. Es un clamor social que la tarea docente no se debe restringir a una mera transmisión de información, y que para ser profesor no es suficiente dominar una materia o disciplina. El acto de educar implica interacciones muy complejas, las cuales involucran cuestiones simbólicas, afectivas, comunicativas, sociales, de valores, etc. De manera que un profesional de la docencia debe ser capaz de ayudar propositivamente a otros a aprender, pensar, sentir, actuar y desarrollarse como personas. Por ello, la formación de los profesores se ha ampliado considerablemente, incursionando en diversos ámbitos relativos a muy diferentes esferas de la actuación docente. El rol del docente y la naturaleza interpersonal del aprendizaje. Aunque es innegable el carácter individual y endógeno del aprendizaje escolar, éste no solo se compone de representaciones personales, sino que se sitúa asimismo en el plano de la actividad social y la experiencia compartida. Es evidente que el estudiante no construye el conocimiento en solitario, sino gracias a la mediación de los otros y en un momento y contexto cultural particular. En el ámbito de la institución educativa, esos "otros" son, de manera sobresaliente, el docente y los compañeros de aula. Desde diferentes perspectivas pedagógicas, al docente se le han asignado diversos roles: el de transmisor de conocimientos, el de animador, el de supervisor o guía del proceso de aprendizaje, e incluso el de investigador educativo. Sin embargo la función del maestro no puede reducirse a la de simple transmisor de la información ni a la de facilitador del aprendizaje, en el sentido de concretarse tan sólo a arreglar un ambiente educativo enriquecido, esperando que los alumnos por sí solo manifiesten una actividad autoestructurante o constructiva. El docente se constituye en un organizador y mediador en el encuentro del alumno con el conocimiento. Es difícil llegar a un consenso acerca de cuáles son los conocimientos y habilidades que un "buen profesor" debe poseer, de acuerdo a la opción teórica y pedagógica que se tome, la visión filosófica, los valores y los fines de la educación con los que se asuma el compromiso. Sin embargo pueden ubicarse algunas áreas generales de competencias docentes: ¿Qué han de saber y saber hacer los profesores?
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Conocer la materia a enseñar.
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Conocer y cuestionar el pensamiento docente.
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Adquirir conocimiento teórico-práctico sobre la
enseñanza de la materia.
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Crítica fundamentada en la enseñanza habitual.
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Saber: planificar, preparar actividades, diseñar
apoyos, crear un clima favorable.
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Enseñar estratégicamente contenidos y
habilidades de dominio.
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Saber evaluar. Si se trata de un profesor
constructivista.
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Es un mediador entre el conocimiento y el
aprendizaje de sus alumnos: comparte experiencias y saberes en un proceso de
negociación o construcción conjunta del conocimiento.
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Es un profesional reflexivo que piensa
críticamente su práctica, toma decisiones y soluciona problemas pertenecientes
al contexto de su clase.
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Toma conciencia y analiza críticamente sus
propias ideas y creencias acerca de la enseñanza y el aprendizaje, y está
dispuesto al cambio.
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Promueve aprendizajes significativos, que tengan
sentido y sean funcionales para los alumnos.
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Presta una ayuda pedagógica a la diversidad de
necesidades, intereses y situaciones en que se involucran sus alumnos.
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Establece como meta la autonomía y autodirección
del alumno, la cual apoya en un proceso gradual de transferencia de la
responsabilidad y del control de los aprendizajes. La función central del
docente consiste en orientar y guiar la actividad mental constructiva de sus
alumnos, a quienes proporcionará una ayuda pedagógica ajustada a su
competencia. La formación del docente debe abarcar un plano conceptual,
reflexivo y práctico.
Desde diferentes perspectivas
pedagógicas, al docente se le han asignado diversos roles: el de transmisor de
conocimientos, el de animador, el de supervisor o guía del proceso de
aprendizaje, e incluso el de investigador educativo. El maestro se puede
reducir solo a transmitir información si lo de facilitar del aprendizaje, sino
tiene que mediar el encuentro de sus alumnos con el conocimiento en el sentido
de guiar y orientar la actividad constructiva de sus alumnos.
El papel de los formadores de docentes
es el de proporcionar el ajuste de ayuda pedagógica, asumiendo el rol de
profesor constructivos y reflexivos.
La formación del docente debe abarcar
los siguientes planos conceptuales, reflexivos y práctico.
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El de la adquisición y profundización de un
marco teórico-conceptual sobre los procesos individuales, interpersonales y
grupales que intervienen en el aula y posibilitan la adquisición de un
aprendizaje significativo.
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El de la reflexión crítica en y sobre la propia
práctica docente, con la intención de proporcionarle instrumentos de análisis
de su quehacer, tanto a nivel de la organización escolar y curricular, como en
el contexto del aula.
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El que conduce a la generación de prácticas
alternativas innovadoras a su labor docente, que le permitan una intervención
directa sobre los procesos educativos.
"Los
buenos profesores son necesariamente autónomos en la emisión de juicios
profesionales... saben que las ideas y las personas no son de mucha utilidad
real hasta que son digeridas y convertidas en parte sustancial del propio
juicio de los profesores". El docente experto no sólo es el que sabe más,
sino quien organiza y maneja cualitativamente mejor dicho conocimiento. Es un
docente con conocimiento profesional: dinámico, estratégico, autorregulado y
reflexivo. Algunos principios constructivistas para la formación del docente
serían:
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Atiende el saber y el saber hacer.
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Contempla el contenido de la materia, los
procesos de enseñanza-aprendizaje y la práctica docente.
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Toma como punto de partida el análisis y el
cuestionamiento del pensamiento didáctico del sentido común.
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Es el
resultado de la reflexión crítica y colaborativa del cuerpo docente.
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Constituye un proceso de reflexión que intenta
romper barreras y condicionamientos previos.
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Genera un conocimiento didáctico integrador y
una propuesta para la acción.
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Contempla el análisis del contenido disciplinar,
en el marco del proyecto curricular y educativo en cuestión.
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Abarca: conceptos, principios y explicaciones
(saber); procedimientos (saber hacer); actitudes, valores y normas (saber ser,
saber estar, saber comportarse, saber por qué se hace).
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Potencia los componentes metacognitivos y
autorreguladores del conocimiento didáctico del profesor.
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Considera estrategias para la solución de
problemas situados.
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Promueve el cambio didáctico: la clarificación
conceptual de la labor docente, el análisis crítico de la propia práctica, las
habilidades específicas del dominio donde se enseña y la adquisición de
estrategias docentes pertinentes.
BIBLIOGRAFÍA
●
Díaz Barriga, Frida. Estrategias Docentes para
un Aprendizaje Significativo. 2ª edición, Ediciones Mc. Graw Hill. México,
2002.
●
Bixio Cecilia. Enseñar a Aprender. Ediciones
homo Sapiens Rosario, Argentina, 1999.
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